Mi río Cuareim, mi río
con sus aguas cantarinas
deslizándose entre piedras
en largas tardes de estío.
Mi río Cuareim, crecido
amenazante y bravío
como las tribus de indios
que habitaron sus orillas.
La dulzura de tus montes
me regalaste de niño
se van mezclando en mi sangre
para alejar el olvido.
Cierro mis ojos y escucho
estridencias de cigarras,
y andan duendes en la siesta,
en la frescura del aire.
Los sauces llorones peinan
su cabellera en tus aguas
mientras les cuentas secretos
de tus viejas añoranzas.
Mi río Cuareim, mi río
recibe mi canto amigo
si algún día sientes
mi ausencia en el aire;
emplea tu hechizo
en ir a buscarme.
