que está viviendo
Matías,
porros, robos, el
alcohol
y tus quince
soledades
que se te hacen
eternas.
Vino rompiendo las
normas;
concepción ya
transgredida,
su madre no
perdonó su desafío de vida,
y de su vientre
salió
para enfrentar con
porfía,
el abandono y el
hambre
de las caricias
perdidas.
Tortura que deja
huellas ,
desde los huesos
al alma;
el hambre de no
tener en las frías madrugadas
un techo, una
tibia cama, una palabra
un "Te
quiero".
Tortura de no
tener una mirada fraterna,
y el
"pegamento"y "el porro"
son las caricias
maternas.
Se agranda tu
desconfianza,
se hacen pequeños
tus miedos,
y el Amor pasa de
largo,
sólo te acompaña
un perro.
Entre las plazas y
calles,
la Inocencia va
muriendo,
los quince años
andando
en la piel de un
hombre viejo.
He visto a muchos
Matías,
por las plazas de
mi pueblo.
