El viento que peina los
negros cipreses
me traen los ecos de un
pueblo lejano,
que recorrí un día
tomada de tu mano.
Si escucharas las voces
del viento;
las del Norte, me
traerían tus gritos,
huérfanos de Amor, pariendo
soledades.
Si escucharas las voces
del viento;
las del Sur, te
llevarían , mis gritos de Amor
incomprendidos,
desesperanzados,
pariendo soledades.
Tan sólo han quedado
los viejos cipreses;
todos alineados, tan
indiferentes
a las voces del
viento.
