El temporal de
julio ,
lamía la Pampa
impiedosamente,
y a la vera del
camino
"despirinchado"
el rancho, luchaba
contra el viento,
achatándose más
sobre los pastos.
No se, si le
pesaba sobre su cuerpo
la historia de
tantos años,
tantos
inviernos....
Pero , allí estaba, como un garabato
recostado en las
líneas torcidas del alambrado.-
La llovizna barría
el patio
y jugaba con la
luz que como única señal
escapaba por la
chimenea.
El monótono
golpeteo del balde
sobre el aljibe,
parecía
llamar para el Ave María,
a toda la
Naturaleza dormida.