Si Dios te permite
regresar un día
a la vieja casa
que te vio nacer,
te estaré
esperando junto con mi madre,
en el amplio patio
de nuestra niñez.
Tendré tu guitarra
dormida en mis brazos,
así la despiertas
con una canción,
y vendrán a casa a
cantar contigo,
los que aún te
llevan en el corazón.-
Mis ojos te
encuentran si miro a mi madre,
sus cabellos
blancos , su encorvado andar,
con su voz
quebrada, preñada en ternura,
esperando el día
en que te ha de encontrar.
Cuando los
domingos, se tiende la mesa,
bajo la frescura y
la luz del parral,
se que estás en
casa junto a los hermanos,
y en la mesa clara
, te hacemos lugar.
© CARMEN DÍAZ
CÁMARA
Para mi hermano
Juan Francisco, que está siempre
