La luna se vino
llena, en esa Noche de Reyes,
y desandas el
camino gastadito entre los cerros;
piel curtida por
el sol, de ese verano norteño,
te hizo callos el
destino, en tu vida de minero.
La madre tierra te
entrega, su riqueza a manos llenas;
pero son otras las
manos que tu tesoro se llevan;
las tuyas vienen
llenitas de la luz de las estrellas,
y entre cuarzos y
amatistas, los Reyes Magos se quedan.
Tus gurises
esa noche, con magos de oriente sueñan
y en la ventana
del rancho, las alpargatas esperan…
la vigilia se hace
larga, de pronto… gritan los teros
¡eres tú; rey y señor;
del Catalán y sus cerros,
que regresas a tu
rancho, por un camino de tierra,
sin juguetes de
los magos, pero con luces de estrellas!.
